ADELINE
Papá había recibido una llamada justo después del desayuno. Su rostro cambió apenas terminó de escuchar. No dijo mucho, solo que debía salir de la ciudad de inmediato. Mamá lo miró con esa mezcla de costumbre y resignación que solo una esposa de mafioso puede tener. En menos de una hora, ambos estaban empacando.
Mi padre podía ir a la luna, pero jamás dejaría a mi madre en casa. El miedo de que algo le pasara estando lejos de ella era constante. Cuando debía salir, mamá sabía que debía