ANNELISSE DE FILIPPI
—Ya está lista la pasta —anuncié, removiendo la salsa por última vez.
Silvano sirvió los platos con una sonrisa dulce. Ambos nos sentamos en la mesa, frente a frente, con el cuerpo aún con rastros del deseo reciente. Yo llevaba su camisa, desabotonada justo hasta donde empezaban mis secretos, y él, ese pantalón de pijama que amenazaba con caer en cualquier momento.
—No está mal para ser tu primer intento de cocina post... orgasmo —bromeó, dándole el primer bocado.
—¡Silvano!