ANELISSE DE FILIPPI
La camisa de Silvano me quedaba como un vestido.
Grande, suave, con su aroma impregnado como una caricia constante.
Apenas la había abotonado hasta la mitad, pero eso parecía no molestarle… al contrario.
—¿Estás segura de que sabes cocinar pasta? —preguntó con esa sonrisa torcida que me derretía las rodillas, mientras caminaba por la cocina con un pantalón de pijama suelto colgando peligrosamente de su cadera.
—¿Estás insinuando que voy a envenenarte? —arqueé una ceja, mene