LUCIEN MORETTI
Salón de reuniones. 12 Pm
La sala estaba repleta.
Guardias. Choferes. Técnicos. Personal de monitoreo.
Todos alineados, en filas silenciosas, con los brazos cruzados o las manos atrás.
Muchos intercambiaban miradas confundidas. No había sido una reunión anunciada. Solo un aviso por radio: “presencia obligatoria en el salón central”.
Silvano y yo entramos por la puerta lateral.
Noah se colocó junto a la pantalla grande.
Paolo, armado. Oliver, en la parte trasera. Las puertas se ce