Tengo maneras para hacerte hablar.
LUCIEN MORETTI
La sala estaba en penumbras.
El traidor —aún sin darnos su nombre real— respiraba agitadamente frente a nosotros. Josh le había dado un golpe seco en el estómago minutos antes, solo para recordarle que no estábamos jugando.
Silvano estaba de pie, en silencio, como una sombra con cuchillo.
Noah tecleaba sin pausa en su portátil, cruzando datos. Paolo, con su tablet, sacaba archivos y los cotejaba con los de Noah.
Y yo... yo solo quería saber cuántos más habían.
—Hiciste una jugada