JOSH MEDICCI
11:00 A.M.
Centro comercial. Zona segura. Demasiado segura.
Mis botas resonaban contra el mármol pulido mientras caminaba detrás del enjambre de chicas que reían, chillaban y discutían sobre colores de esmalte como si estuvieran negociando tratados de paz internacionales.
—¿Sabes qué me molesta de esto? —murmuré, sin esperar respuesta—. Todo.
Pero no estaba ahí para disfrutarlo.
No me pagaban por tener buen humor.
Me pagaban por mantenerlas con vida.
Y hoy, eso significaba una cosa