Un héroe entre las sombras.
ANNELISSE DE FILIPPI
La cita había terminado.
Y fue… linda. Solo eso.
El museo había estado tranquilo, el chico —Álvaro, o algo así— había sido atento, y yo había sonreído lo suficiente como para parecer normal. Hasta bromeamos en la cafetería, y me regaló un llavero de la exposición. Fue tierno.
Pero no me hizo vibrar. Y ese era el problema.
Porque yo quería que vibrara. Quería que besar otra mejilla que no fuera la de Silvano me provocara un nudo, un escalofrío, un “algo” que me dijera que es