KIARA DE SANTIS
—Amor, acompáñame, estoy aburrida —le dije a Noah, con mi mejor tono de súplica, mientras lo tomaba de la mano—. Mi hermanito no quiere que ande sola y tengo un dato buenísimo: un bar donde hay chicos guapísimos.
—No, gracias —me respondió rápido, con ese ceño fruncido que me encanta.
—Vamos, tienes que llevarme —insistí, poniéndome en modo niña consentida —. Si me pasa algo malo, imagínate lo que hará Silvano.
Noah rodó los ojos, resignado, y al final accedió.
—Está bien, vamos