Tu padre y yo, lo sabemos todo.
LUCY MORETTI
—Estás babeando.
—No es cierto.
—Lucy… tienes la boca entreabierta y los ojos como los de una caricatura enamorada.
—No exageres, Anny. Solo estoy observando.
—Sí, sí. Observando cómo mi hermano corre con ese uniforme ajustado y esas piernas que—
—¡ANNY!
—¿Qué? Lo digo con objetividad científica.
Solté una risa ahogada mientras Anny se recostaba en la banca con una bolsa de papas en la mano.
Allí estábamos, en la grada central, viendo el entrenamiento de fútbol americano del equipo