ANNELISSE DE FILIPPI.
Temblaba. Literalmente.
No era frío.
No era miedo.
Era… Silvano
Mis piernas apenas respondían mientras bajaba al auto. Paolo abrió la puerta del copiloto y me dedicó una de sus sonrisas habituales, pero algo en su mirada cambió al verme.
Lo notó.
Claro que lo notó.
—¿Todo bien? —preguntó, frunciendo el ceño.
Asentí Mentí.
—Solo fue un largo día. El cine, la película… muchas emociones —murmuré, bajando la vista para evitar sus ojos.
Paolo no insistió. Sabía cuándo callar. P