LUCIEN MORETTI
La noche en Sicilia era tan oscura como las cosas que veníamos a destruir.
Los motores se apagaron a dos kilómetros de distancia. Caminamos en silencio, solo las linternas tácticas prendidas en pulsos breves para no delatar nuestra posición. Noah iba primero, con Paolo cubriéndole la retaguardia. Silvano estaba a mi lado, como siempre… pero algo en su postura no cuadraba.
Estaba más tenso. Más lento.
Más distraído.
—Equipo dos, flanco izquierdo —ordené por el comunicador—. Silvan