LÍDER DE SERAPHIM
Maldita sea…
¿Cómo es posible que no puedan capturarlas?
—¡Avancen, carajo! —escupí por la radio, apretando el botón con tanta fuerza que sentí cómo la carcasa crujía bajo mis dedos—. Son mujeres, ¡mujeres!
Desde mi posición, a unos cien metros de la fachada principal, tenía visual completa de la mansión. La operación era simple: atacar a Lucien para sacar a todos los hombres de allí y dejar el lugar casi vacío. El golpe debía ser limpio, rápido. Mujeres solas, blanco fácil.
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