LUCIEN MORETTI
El rugido del jet privado rompió el silencio del anochecer.
Estaba parado en la pista junto a Addy, que tamborileaba los dedos en su cartera con nerviosismo.
—¿Crees que venga calmado? —preguntó ella, casi rogando.
—¿Tu padre? ¿Calmado? —solté una carcajada seca—. Solo si tu mamá le da un tranquilizante. O lo calma de otra manera antes de bajar del avión.
—¡¡LUCIEN!!!
— Jejeje, ¿Qué? Después de lo que escuché en ese despacho, creo que tus padres son capaces de todo.
Addy iba a re