SILVANO DE SANTIS
Estaba revisando un informe sobre los movimientos recientes de Seraphim y el último ataque que le hiciemos con Lucien, cuando la puerta se abrió sin tocar.
Alcé la vista, y allí estaba ella.
Mi debilidad.
Mi caos perfecto.
Mi condena con ojos miel.
—Silvano —susurró Anny, entrando con una expresión que no le conocía—. Tenemos que hablar… urgente.
Dejé el documento sobre el escritorio.
—¿Qué pasó? ¿Estás bien?
Ella cerró la puerta con cuidado, y eso ya me alarmó. Nunca cerraba