LUCIEN MORETTI
Recorrí la mansión con calma, observando cada rincón con ese orgullo silencioso que uno guarda cuando construye algo pensando en quienes ama. Paolo había hecho un trabajo perfecto supervisando la compra, pero cada instrucción, cada espacio… había salido de mí.
Addy caminaba a mi lado, los ojos grandes, brillando con esa mezcla de sorpresa y ternura que me hacía querer detener el mundo solo para verla así eternamente.
—¿Te gusta? —le pregunté, aunque ya sabía la respuesta. Su sonr