SILVANO DE SANTIS
El olor a mantequilla, vainilla y chocolate invadía toda la casa.
Estábamos todos reunidos en la cocina de Addy. Me gustaba ese ambiente. El mundo, por una vez, parecía no tener urgencias. No había amenazas. No había heridas abiertas ni sombras al acecho. Solo estábamos nosotros… en familia.
Ya me sentía bien. Mi herida estaba casi completamente curada, y estar con Anny la noche anterior, hacerla mía, sentir su amor y su entrega... me dio nuevas fuerzas. Me sentí vivo. Renovad