ANNELISSE DE FILIPPI
Corrí por el pasillo como si me persiguiera un ejército. Literalmente. Uno con el nombre BASTIEN DE FILIPPI.
Abrí la puerta de golpe.
—¡ADDY! ¡LUCIEN! ¡¡TENEMOS UN PROBLEMA!!
Lucien, que estaba recostado en la cama con su laptop, casi la lanza por el aire. Addy, en cambio, se levantó de un salto.
—¿Qué pasó? ¿Estás bien? —dijo ella, acercándose alarmada.
— No, no está bien, nada está bien — Yo hiperventilaba sintiendo que me estaba ahogando.
— Anny, respira, dime que pasa,