LUCCA MORETTI
La mañana siguiente me encontró con el cuerpo pesado y la cabeza todavía dándome vueltas. No por el whisky de anoche, aunque tampoco ayudaba, sino por todo lo que había pasado en las últimas horas.
No era mi intención aparecer en Italia sin aviso, pero… ¿cómo demonios iba a quedarme en América cuando mis hijos habían sido atacados, cuando Lucien estaba en el hospital con tres costillas rotas, y Marie había estado a centímetros de morir? No. No soy ese tipo de padre.
El pasillo del