ADELINE DE FILIPPI
El vapor del baño aún flotaba en el aire cuando salí envuelta en una toalla.
La semana en Barcelona me había dejado agotada. El trabajo con los inversionistas, la cena con Asher, las caminatas largas… y Lucien, claro.
Lucien con su pasión que me envolvía cada noche, era maravilloso tenerlo sobre mí, con sus suspiros ocultos, con sus sonrisas traviesas de medianoche y ese deseo que jamás se saciaba.
Éramos… felices.
Más de lo que me permitía imaginar hace unos años cuando pens