JEFE DE NOAH
Las luces del despacho estaban apagadas.
Solo el resplandor frío de las pantallas iluminaba la estancia, como el destello de un bisturí que diseca la realidad sin anestesia.
Las imágenes eran claras:
Drones captando cada movimiento. Disparos limpios. Coordinación milimétrica.
Y niños.
Rescatados.
Vivos.
Me recosté en la silla de cuero negro. El silencio victoria.
En la pantalla, dos hombres de negro escoltaban a un niño cubierto por una manta térmica. Lo entregaban con manos firme