Sus cuerpos se buscaban, se reconocían. Bastien desabrochó su camisa dejando un reguero de besos, y Kate sentía cada caricia como electricidad en la piel.
—Bastien… —susurró.
Él se detuvo, mirándola a los ojos.
—¿Quieres que me vaya?
—No… no sé qué me pasa contigo. Pero todo esto se siente tan… correcto.
—Te amo, Kate —le dijo con sinceridad.
Kate sonrió. Esas tres palabras fueron un bálsamo para su alma. Lo atrajo y lo besó con más necesidad. Sus manos bajaron hasta acariciar su erección, y Ba