Recuerdos de una vida feliz.
Amanecía, y Kate seguía envuelta en los brazos de Bastien. Su aroma, su piel... todo en él le gritaba que era suyo y ella suya. La manera en que la miraba no dejaba lugar a dudas. Le costaba creer que había olvidado a su pequeña hija. Una niña de solo cuatro años obligada a vivir una situación tan difícil.
Pensó en cada paso que Bastien había dado: desde escribir una carta en revistas por toda Europa con la esperanza de que ella la leyera, hasta fingir ser su guardaespaldas para enamorarla de n