El beso.
Bastien se movía de un lado a otro sacando precios y etiquetas. Dobló los pantalones por color, las blusas por tamaño y las faldas por estampado.
—Cielos, doblas la ropa tal cual como yo lo hago.
—¿De verdad? Eso es solo suerte. Te ayudo con esa ropa.
—¡NO! Esa ropa es privada.
—Oh… es tu lencería, la ropa prohibida. — Bastien bromeaba haciendo que Kate se sonrojara.
—No me molestes, me da vergüenza.
—Está bien, no te molestaré —dijo con una sonrisa traviesa mientras tomaba la bolsa.
Kate corri