ANNELISSE DE FILIPPI
El sonido de la sirena se mezclaba con el latido desesperado de mi corazón.
—¡Silvano! —hablé una y otra vez, aferrada a su mano, mientras los paramédicos presionaban su herida y hablaban en códigos que no entendía—. Por favor, amor… por favor… abre los ojos… no me dejes… no así…
Tenía las manos cubiertas de su sangre.
Sus labios estaban cada vez más pálidos.
Su respiración, apenas un suspiro.
Y aún así, seguía luchando.
— Por favor amor, nos tenemos que casar, tenemos que