ANNELISSE DE FILIPPI
Sentí las voces muy lejos.
Como si vinieran desde el fondo de un túnel.
Mi cuerpo estaba liviano, flotando entre el pánico y el olvido.
Pero entonces… una voz me arrancó del abismo.
—Anny, reacciona. Silvano no está muerto, niña tonta. Reacciona, despierta o te botaré a la pileta llena de agua.
Paolo.
Su voz.
Su brutal honestidad.
Su sarcasmo crudo como una bofetada al alma.
Abrí los ojos con un jadeo, como si por fin pudiera respirar después de minutos sumergida.
—Silvano…