Nadando entre las sombras.
DAMIÁN MEDICCI
La mansión dormía. O eso creí.
Pasaban de las doce y hacía mi ronda nocturna por los pasillos cuando algo se movió en el monitor de las cámaras. Una figura delgada, encapuchada, caminaba por el jardín con pasos rápidos, casi furtivos. Fruncí el ceño.
—¿Qué demonios…?
Me acerqué a la pantalla y amplié la imagen. No había duda: era Carla. La hermana de Paolo. La fiera salvaje que me había llamado esteroide con patas esa misma tarde. Caminaba hacia la piscina como si tramara algo. L