CARLA MORELOS
Caminaba por los pasillos de la mansión como si me pertenecieran.
No porque lo hicieran, sino porque aprendí desde chica que el que camina con seguridad, manda. Aunque por dentro se esté preguntando si apagó la plancha o no.
A mi lado, Paolo hablaba y hablaba. Su voz era el único ruido tolerable entre tanto lujo silencioso. No me molestaba. De hecho, si había alguien en este maldito planeta al que yo toleraba sin ganas de electrocutarlo… era mi hermano mayor.
—¿Y entonces qué pien