SILVANO DE SANTIS
Me senté frente a él. La mesa era de metal, sencilla, sin adornos, con dos vasos medio llenos y una botella de whisky entre nosotros. Noah y Paolo se quedaron a los lados, como centinelas mudos.
La tensión era espesa, como si el aire pesara más de lo normal.
—¿Desde cuándo sabes de Seraphim Corp? —preguntó Lucien con voz baja, pero firme.
Lo miré directo a los ojos. No era momento de titubear.
—Desde hace tiempo. Desde antes de saber quién eras tú… incluso antes de haberla vis