SILVANO DE SANTIS
Después de dejar caer mi máscara, me dediqué por completo a mi organización. Sin más fingimientos. Sin más disfraces.
Silvano, el asistente, estaba muerto.
Frente a mí, Noah trabajaba en silencio, con una concentración impecable. Llevaba un informe sobre nuevas rutas de tráfico, rutas limpias para evitar las redes internacionales de vigilancia. Pero yo no podía enfocarme del todo. Había algo más urgente. Algo que dolía más que las balas: la mirada de Adeline. El miedo en sus o