ADELINE DE FILIPI
La casa de Ella tenía ese aire inconfundible: telas colgadas por todas partes, maniquíes a medio vestir y un aroma dulce a flores mezclado con perfume caro. Era como entrar en un desfile en plena construcción. Apenas pusimos un pie en la sala, su voz chillona resonó desde algún rincón:
—¡Por fin! ¡Mis bebés vinieron a ver a su tía favorita!
Antes de que pudiéramos responder, apareció corriendo como un torbellino de colores. Con los brazos extendidos, nos abrazó a todas al mism