MARIE MORETTI
Nunca pensé que ver a un hombre cagarse encima pudiera ser tan gratificante.
Pero aquí estoy, con un café helado en la mano, mi vestido más glamoroso, y una sonrisa que no se me va a borrar ni con ácido. Al lado mío, Anny choca su palma con la mía, ambas conteniendo la risa mientras Moira Ricci, la mismísima Moira Ricci, sigue sonriendo con la misma serenidad de una emperatriz que acaba de presenciar la caída de un traidor.
Todo comenzó con una botella de agua y una dosis ligerame