Dos corazones que se extrañan
LUCIEN MORETTI
Italia.
La noche se deslizaba sobre Milán como una promesa rota. Estaba sentado en la terraza de la villa, la vista perfecta al horizonte dorado, con una copa de vino a medio terminar en la mano. Una suave brisa golpeaba mi cara, pero no me importaba.
En mis manos, un cuaderno viejo. El mismo en el que había escrito todo lo que nunca le pude decir a ella. Lo abrí. La hoja estaba arrugada, manchada por gotas. No sabía si era vino o lágrimas de otra no