DAMIAN MEDICCI
—Tranquilas, chicas, todo estará bajo control —dije con una sonrisa que apenas me sostenía el rostro.
La sala estaba llena de murmullos y de ese perfume mezclado de hogar y tensión que queda después de una salida apresurada. Lucy y Marie —las Moretti— hablaban bajito en un sofá, pegadas como sombra y cuerpo. Anny, tenía el ceño fruncido, jugando con el dije que colgaba del collar que Silvano le había dado; cada tanto miraba el teléfono con la esperanza absurda de que apareciera s