Vamos para allá.
SILVANO DE SANTIS
El día en la mansión transcurría tranquilo. El sol se filtraba por los ventanales, y el aire olía a café recién hecho y a las rosas del jardín. Tenía a Anny entre mis brazos, su cabeza apoyada en mi pecho, cuando el sonido agudo de mi celular rompió la calma. No era una llamada cualquiera; el tono asignado me hizo tensar los músculos antes incluso de mirar la pantalla.
—Lucien… —murmuré al ver su nombre. Contesté de inmediato.
—Silvano… —su voz estaba cargada de dolor y esfuer