ADELINE DE FILIPI
Estábamos en la sala, compartiendo una tarde tranquila después de acomodarnos en nuestra nueva casa, cuando vi a Anny detenerse en seco mientras revisaba su teléfono. Su rostro cambió. Parpadeó una vez, y luego frunció ligeramente el ceño.
—Oh, oh… —murmuró.
—¿Qué pasa? —le pregunté, con la mirada fija en ella.
— Em… Huston tenemos un problema.
La tensión me invadió como un latigazo. Mi cuerpo se tensó automáticamente.
—¿Qué significa eso? —insistí, más seria.
Anny levantó la