LUCIEN MORETTI
El hombre se giró.
Y el mundo dejó de girar con él.
Los ojos oscuros.
La sonrisa ladina.
El rostro que conocía tan bien y que tantas veces me había encontrado.
Maldito.
Silvano se tensó a mi lado. El cuerpo, congelado.
—No… —murmuró con voz baja—. No puede ser.
Yo no dije nada.
Porque el veneno me subía por la garganta.
Y lo tenía frente a mí.
Matteo Russo. este maldito era Venom Shade.
Este maldito hijo de puta que había estado tan cerca de mi mujer.
El arquitecto de las re