LUCIEN MORETTI
Todos se habían ido a dormir.
Tía Kate subió con esa sonrisa tranquila suya.
Mamá abrazó a Addy con ternura.
Mi padre se fue por un café.
Yo me quedé en la terraza, mirando las estrellas.
Con la copa en la mano.
El rostro sereno… pero por dentro, alerta.
Siempre alerta.
Y entonces lo sentí. Tío Bastien.
Apareció detrás de mí. Silencioso. Firme. Imponente.
El hombre que me enseñó que uno puede ser amor y guerra al mismo tiempo.
—¿Esperabas que te enterrara esta noche? —preguntó co