LUCY MORETTI
El día estaba perfecto.
Cálido, pero no sofocante. El cielo despejado. La brisa jugando con los árboles del jardín.
Y él…
Él estaba allí.
Con camiseta sin mangas, el balón de básquet en las manos, y ese gesto de concentración que me hacía olvidarme hasta de respirar.
Augusto de Filippi. Mi adorado tormento. Mi desastre emocional favorito. A mis 17 años no tenía vicios, no fumaba, no bebía, no consumía drogas, pero él, mi Agus, era mi único vicio desde que mis hormonas se hicieron p