LUCIEN MORETTI
La tarde comenzaba a caer y el cielo se teñía de tonos naranjas y rosas, como si incluso el sol quisiera regalarnos una última pintura antes de partir. Estábamos en el jardín trasero de la casa, donde todo había comenzado. Las risas de Marie, Lucy y los mellizos llenaban el aire, mientras Addy y tía Kate organizaban cajas con dulces, cartas y pequeños regalos.
Había algo especial en esa escena. Algo que no quería olvidar.
Me quedé unos segundos apartado, junto al muro cubierto de