Crucé el límite.
JOSH MEDICCI.
Su boca sabía a paz. A libertad. A un error inevitable.
Marie se fundía en mis brazos como si hubiese estado esperando ese momento toda su vida. Y yo… yo me estaba quemando por dentro.
Mi cuerpo la conocía, la necesitaba, la reconocía.
Pero mi deber era protegerla.
No tocarla. No sentirla así.
Y mucho menos desearla como un maldito desesperado.
Mis labios seguían atrapados en los suyos, pero mi mente gritaba.
¡Detente!
¡Apártate!
¡Haz lo correcto!
Pero no lo hice. La levanté ella