MARIE MORETTI
La puerta se cerró. Y me dejó sola.
El sonido del pestillo todavía resonaba en mi cabeza, como un eco de lo que acababa de pasar. De lo que acabábamos de hacer.
Me quedé unos segundos inmóvil, temblando bajo el agua caliente que seguía cayendo sobre mí. Mi cuerpo aún ardía, no por la temperatura del agua, sino por él.
Por su boca.
Por su aliento.
Por sus manos.
Por Josh.
Llevé los dedos a mis labios, como si pudiera borrar su huella, pero era inútil.
Seguía ahí.
Su beso. Su calor.