Clarita, siempre fue Clarita.
ASHER WILSON
Entré a la panadería con la esperanza de encontrar a Clara trabajando o, al menos, charlando con doña Margarita. Pero no había ni rastro de ella. Pregunté en voz baja, casi sin querer interrumpir, y la señora Marga me miró con una sonrisa dulce pero un poco preocupada.
—Hola mi niño, como estás. Clarita fue a buscar bayas silvestres para el pastel de la tarde —me respondió con ternura—. no tardará en regresar.
El corazón me dio un vuelco. Sabía exactamente a dónde había ido; ese pe