BASTIEN DE FILIPPI
Esa noche, el despacho olía a whisky, cuero viejo… y problemas inminentes.
Lucca estaba conmigo, revisando unos contratos.
Yo intentaba concentrarme, lo juro.
Hasta que se escuchó el auto de Lucien, miré por la ventana y ahí estaban los dos, bajando sonriendo, Lucien le susurró algo a Addy y ella sonrió traviesamente, luego la puerta de la cocina crujió.
Mi oído no falla. Ni cuando quiero que falle. Algo le había dicho Lucien a mi princesa que la hizo sonreír de esa manera.