LUCIEN MORETTI
El sol comenzaba a bajar cuando la tomé de la mano y la invité a caminar por la orilla.
No dijimos nada al principio.
Solo andábamos descalzos, dejando que las olas nos acariciaran los pies y el viento jugara con su cabello suelto.
Addy llevaba mi camisa blanca anudada a la cintura, y el short de mezclilla apenas contenía la arena que se le había pegado en la piel.
Cada paso suyo era como una pincelada en el atardecer.
Y su sonrisa…
Esa mezcla perfecta de paz, dulzura y liber