ADELINE DE FILIPPI
La luz ya bañaba la habitación cuando me estiré entre las sábanas y me di cuenta de que estaba sola.
Por un instante, mi corazón dio un vuelco. Pero entonces, el olor a café recién hecho y pan tostado me envolvió, seguido por el sonido inconfundible de música suave… y de alguien cantando bajito.
Sonreí. Me levanté me puse su camisa que estaba en el suelo y caminé descalza hasta la puerta, y me detuve en el umbral de la cocina.
Lucien estaba de espaldas, descalzo también, con