ADELINNE DE FILIPPI
La taza humeaba entre mis manos.
La ciudad se desplegaba frente a mí como un tablero de ajedrez conquistado.
Milán, gris y dorada a esta hora de la mañana, parecía saber que había ganado.
Apoyé la frente brevemente contra el cristal. Respiré hondo. Café fuerte, sin azúcar. Como me gustaba. Como lo necesitaba después de una noche gloriosa de baile y risas, este sábado me recibió con la ruina para Angel Corp como regalo.
—Te ves peligrosa —murmuró una voz detrás de mí.
No me