ADELINE DE FILIPPI
Lucien acariciaba mi espalda desnuda mientras yo me volvía a poner lentamente la blusa. No teníamos prisa.
—¿Quieres almorzar en casa o prefieres celebrar desde aquí cómo lo destruiste?
Me reí bajito.
—No me gusta celebrar las tragedias ajenas…
Él levantó una ceja.
—¿Ajena?
—Bueno… —tomé un sorbo de café y lo miré sobre el borde de la taza— …quizás fue un poco personal.
Lucien rió.
—Dios, cómo te amo.
Sonreí y terminé de vestirme, me acerqué a Lucien besando sus labios y arr