Luna
El sol ya se estaba poniendo cuando llegamos al barrio donde yo vivía. El cielo estaba naranja, esos tonos cálidos que hacen todo más bonito, más ligero. El coche subió la calle despacio, y yo me quedé mirando por la ventana, las bolsas del centro comercial en el asiento trasero, el ramo de rosas rojas en mi regazo.
Él estacionó frente a mi casa. Apagó el coche y se quedó allí, sin decir nada. Los dos mirando hacia el portón.
—¿Vas a bajar? —pregunté.
—Voy a llevarte hasta la puerta —respo