La fiesta ya había terminado hacía un rato. Heloísa estaba sentada en el sofá con su barriga, Igor acostado con la cabeza en su regazo, y Verónica, mi madre, recogiendo los vasos sobre la mesa, quejándose sola:
—Esta chiquillería me acaba con todo, misericordia —dijo Verónica.
Luna estaba a mi lado, sentada con Jade en el regazo, y Benicio acostado en el suelo, casi durmiendo. Jade parpadeaba despacio, luchando por no apagarse, pero el sueño ya la había vencido.
—Mamá, ¿puedo quedarme a dormir