LunaEl beso aún ardía en mi boca. Su respiración golpeaba mi piel, caliente, pesada, como si cada exhalación fuera un pedazo del deseo que él había estado guardando. Sus manos no temblaban. Firmes. Seguras. Dueñas de cada centímetro mío que tocaban. Las mías, sí. Temblaban como vara verde, entregando lo que intentaba esconder.Él pasó el pulgar por el borde de mi boca, despacio, como si aún sintiera mi sabor. Como si quisiera guardar aquello.—¿Eres consciente de lo que me estás haciendo? —preguntó él, la voz grave, casi un gruñido.Mi respuesta fue volver a tirar de él por la camisa. Besé de nuevo, más profundo, más salvaje. Ya no había espacio para la duda, para juegos, para fingimientos. Yo quería. Y él lo sabía.Su cuerpo se pegó al mío. Su mano bajó sin pedir permiso, agarrando fuerte mi trasero, apretando como si fuera suyo, como si ya tuviera un derecho sobre mí. Y en ese momento… yo dejé que así fuera. Dejé que me moldeara, que me tomara, que me hiciera suya —aunque fuera por
Leer más